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Análisis: en 'Made in Chicago', Lalah Hathaway vuelve a casa y entrega el R&B más acogedor de la semana

El noveno disco de la cantante cambia la osadía de estudio por la memoria afectiva de su ciudad natal, y brilla cuando deja entrar el jazz.

Foto: Divulgação / SoulBounce

Esto es un análisis. Lalah Hathaway no tiene nada que demostrar, y 'Made in Chicago', su noveno álbum de estudio, lo sabe. Son nueve canciones concebidas, según la propia cantante, 'en la intersección entre la nostalgia y la melancolía', a partir de una imagen muy concreta: ella con un abrigo de cuero, mirando el lago Michigan con el skyline de la ciudad al fondo. El disco llega en torno a lo que habría sido el cumpleaños 81 de su padre, Donny Hathaway, y su sombra cariñosa sobrevuela todo.

Coproducido y coescrito casi por completo con su colaborador de siempre, Phil Beaudreau, el álbum prioriza la textura más que por el impacto. El sencillo '47th Street', con el poeta J. Ivy, abre la puerta al Chicago de su infancia; 'Can't Let Go' y 'Follow' muestran esa voz grave y elástica deslizándose sobre grooves sin prisa; y los aportes de Amber Navran, de Moonchild, la flautista Elena Pinderhughes y el baterista Justin Tyson le dan un acabado orgánico, de banda tocando junta en la sala.

Lo mejor queda para el final: 'Time' y 'Magic' dejan entrar el jazz del todo y muestran a Lalah en su terreno más libre. Si hay un pero, es que la cohesión a veces se vuelve uniformidad: quien busque un estribillo pegajoso o un riesgo a la altura de 'Vantablack' puede encontrarlo demasiado contenido. Aun así, es comida para el alma en el mejor sentido: tan familiar como fresca. Nota: 8/10

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